martes, 26 de agosto de 2008

PAUL VERLAINE. MI SUEÑO




Sueño a menudo el sueño sencillo y penetrante
de una mujer ignota que adoro y que me adora,
que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora
y que las huellas sigue de mi existencia errante.
Se vuelve transparente mi corazón sangrante
para ella, que comprende lo que mi mente añora;
ella me enjuga el llanto del alma cuando llora
y lo perdona todo con su sonrisa amante.
¿Es morena ardorosa? ¿Frágil rubia? Lo ignoro.
¿Su nombre? Lo imagino por lo blando y sonoro,
el de virgen de aquellas que adorando murieron.
Como el de las estatuas es su mirar de suave
y tienen los acordes de su voz, lenta y grave,
un eco de las voces queridas que se fueron...

Versión de Nicolás Bayona Posada

domingo, 10 de agosto de 2008

RABINDRANATH TAGORE. Gitanjali. Fragmento 102









Me jacté ante los hombres de haberte conocido,

 y en todas mis obras ven tu retrato.
 Vienen y me preguntan:

 "¿Quién es?" 
No sé qué responder, y digo:

 "La verdad es que no lo sé".
 Se burlan de mí y se van desdeñosos.

 Y tú sigues sentado allí, sonriendo.
He hablado de ti en canciones perdurables,

 cuyo secreto brota mi corazón.
 Vienen y me preguntan:
 "¿Qué quiere decir todo eso?
" No sé qué responderles, y digo:
 "¡Ay, quién sabe lo que quiere decir!" 

Y se ríen de mí y se van despreciándome. 
Y tú sigues sentado allí, sonriendo.

lunes, 4 de agosto de 2008

ARAGON LOUIS. Persona pálida



Más mísero que las piedras
                                triste a más no poder
                                el hombre escuálido
el atril hubiera querido aniquilarse
Qué frío el viento me penetra en el sitio
de las hojas
de las orejas muertas
Solo cómo patalear para ahuyentar el frío
con qué pie iniciar la semana
Un silencio que nunca acaba
Ni una palabra tierna para engañar al invierno
La sombra del alma del amigo La escritura
Tan sólo las señas
                                 Mi sangre daría una sola vuelta
Los sonidos se pierden en el espacio,
como dedos congelados.
Nada más
                    que un patín abandonado en el hielo
El fulano
                    A través de él se ve el día

De Feu de joie

Versión de Aldo Pellegrini

martes, 22 de julio de 2008

RABINDRANATH TAGORE. Gitanjali (Fragmentos)




I

No te atormentes por su corazón, corazón mío;
déjalo en la oscuridad. ¿Qué se yo si su belleza es sólo
de su cuerpo, y su sonrisa sólo de su cara? Déjame
aceptar sin preguntas este sencillo sentido 
de sus miradas, y ser así feliz.



II

Igual me da si es un manto de ilusión el que sus brazos tejen 
alrededor de mí, porque el manto es rico y raro; 
y al engaño se le puede sonreír, y olvidarlo.


III
No te atormentes por su corazón, corazón mío; conténtate 
si la música es verdadera, aunque no se pueda fiar en la palabra; 
disfruta de la gracia que danza, como un lirio, sobre la mentirosa 
superficie ondeante, y sea lo que fuere de lo que vive allá en el fondo.



IV

Deseaste mi amor, y, sin embargo, no me amabas.
Por eso mi vida se cuelga de ti como una cadena,
que te grita y se te aferra, más dura 
cuanto más luchas por ser libre.

V
Mi desesperación ha llegado a ser tu compañera mortal, 
y se agarra al más leve de tus favores, pretendiendo arrastrarte 
hasta la caverna de las lágrimas.
Has destrozado mi libertad, y, con su ruina, te has
fabricado tu propia prisión.



VI

No supe lo que hacía un momento y vine.
Pero alza tus ojos que yo vea si queda aún alguna sombra 
de los días pasados, una pálida nube, ya sin lluvia, en el horizonte.
Sopórtame un momento¡ aunque yo no sepa lo que hago.



VII

Las rosas están todavía en capullo, y no saben aún
cómo descuidamos coger flores este verano.
La estrella de la mañana tiene todavía el mismo 
silencio palpitante; la luz primera está enredada aún
en las enredaderas que cuelgan de mi ventana,
como en aquellos días pasados.
Olvidé un momento que todo había cambiado, y vine.



VIII
Olvidé si tú me avergonzaste alguna vez, volviéndome
tu cara cuando yo te desnudaba mi corazón.
Sólo recuerdo las palabras que tropezaron en el temblor de tus labios; 
las sombras de arrebatada pasión de tus ojos oscuros, como las alas 
de un pájaro que busca su nido en el crepúsculo.
Olvidé que tú te acordabas, y vine.


IX
Esta mañana mi despertar fue dichoso, porque vi a mi amor.
El cielo era una sola alegría, y mi vida y mi juventud se consumaron.
Hoy mi casa es de verdad mi casa, y mi cuerpo mi cuerpo.
La suerte me ha sido amiga, y mis dudas se disipan.
¡Pájaros, cantad vuestra canción mejor! 
¡Luna, derrama tu luz más bella! 
¡Dispara, a millones, tus flechas, dios del amor!