lunes, 5 de octubre de 2015

ACCATTOLI, Francesco. PASEANDO POR EL VIEJO BARRIO



                                                                      a Jaime Gil de Biedma
Me sigues con ojos de tierra
quemada, abierta,
en la serena posición de la sonrisa,
una línea sutil que mira el mar,
divide el poder, lo convierte en un campo
de trigo dorado.
Me cuentas como fueron los veranos,
me quedo quieto a escuchar,
y cada sensación llega
acariciándome las sienes
Y cada sensación es suave,
apoyada en tu espalda,
a lo largo de los brazos, en la elegancia
de los dedos, de los tobillos;
regresa la luz, si te observo bien,
explota el blanco entre tus collares.
La indecisión. Después sigue la trasparencia.
Un poco de agua
detiene el respiro agitado;
muere la ciudad en sombras individuales,
las estradas se hacen estrechas, conectadas
a las plazas con paciencia.
Paseamos con un viento vacío
a las espaldas,
en el centro exacto de la paz.
Una casa de dos caras, una mirada más,
damos un nombre nuevo a las cosas
si nos sentimos valientes.
Amanece por doquier,
justo mientras regresan
los pájaros a su rama,
y las parejas desgraciadas.

martes, 29 de septiembre de 2015

WHITMAN, Walt. Cuando leí el libro

















Cuando leí el libro, la célebre biografía,
Entonces -dije yo-, ¿es esto lo que el autor llama  la vida de un hombre?
¿Escribirá alguien así mi vida, una vez muerto yo?
(Como si algún hombre conociera realmente algo de mi vida;
Cuando hasta yo mismo pienso a menudo que poco o nada sé de mi verdadera vida.
Sólo vagas nociones, débiles pistas y difusas imágenes,
que persigo para mí mismo, para poder exponerlas aquí)

lunes, 14 de septiembre de 2015

CUMMNINGS. E. E. DE LA MENTIRA DEL NO





de la mentira del no
surge una verdad del sí
(ella misma sólo y quien
es ilimitadamente)

hace entender a los tontos
(cómo me aburro) que no
todo el furor del pensar
es igual a una violeta


Versión de Alfonso Canales-e.e. Cummings poemas- Alberto Corazón , Editor, 1969

martes, 8 de septiembre de 2015

MIGUEL DE UNAMUNO, DE VUELTA A CASA






Desde mi cielo a despedirme llegas
fino orvallo que lentamente bañas 
los robledos que visten las montañas 
de mi tierra, y los maíces de sus vegas. 

Compadeciendo mi secura, riegas 
montes y valles, los de mis entrañas, 
y con tu bruma el horizonte empañas 
de mi sino, y así en la fe me anegas. 

Madre Vizcaya, voy desde tus brazos 
verdes, jugosos, a Castilla enjuta, 
donde fieles me aguardan los abrazos 

de costumbre, que el hombre no disfruta 
de libertad si no es preso en los lazos 
de amor, compañero de la ruta.