jueves, 2 de octubre de 2008

RAINER MARIA RILKE. Ofrenda




¡Oh, cómo florece mi cuerpo, desde cada vena,
con más aroma, desde que te reconozco!
Mira, ando más esbelto y más derecho,
y tú tan sólo esperas... ¿pero quién eres tú?

Mira; yo siento cómo distancio,
cómo pierdo lo antiguo, hoja tras hoja.
Sólo tu sonrisa permanece como muchas estrellas
sobre ti, y pronto también sobre mí.
.
A todo aquello que a través de mi infancia
sin nombre aún refulge, como el agua,
le voy a dar tu nombre en el altar
que está encendido de tu pelo
y rodeado, leve, con tus pechos

PAUL VERLAINE. Soñé contigo esta noche...








 Soñé contigo esta noche:

Te desfallecías de mil maneras
Y murmurabas tantas cosas...
Y yo, así como se saborea una fruta
Te besaba con toda la boca
Un poco por todas partes, monte, valle, llanura.
Era de una elasticidad,
De un resorte verdaderamente admirable:
Dios... ¡Qué aliento y qué cintura!
Y tú, querida, por tu parte,
Qué cintura, qué aliento y
Qué elasticidad de gacela...
Al despertar fue, en tus brazos,
Pero más aguda y más perfecta,
¡Exactamente la misma fiesta!

Versión de Víctor M. Londoño

cunnings, e. e. mi amor...




mi amor
tus cabellos son reino
                    cuyo reyes lo oscuro
tu frente es un vuelo de flores

tu cabeza es bosque vivo
                     lleno de pájaros que duermen
tus senos enjambres de abejas blancas
                     sobre la rama de tu cuerpo
tu cuerpo para mí es abril
en cuyas axilas está la aproximación de la primavera

tus muslos son caballos blancos atados a una carroza
                      de reyes
son el toque de un buen juglar
entre ellos hay siempre un dulce canto

mi amor
tu cabeza es un estuche
                       para la fresca joya de tu mente
en tu cabeza el pelo es un guerrero
                       que ignora la derrota
tu cabello en tu espalda es un ejército
                        con victoria y trompetas
tus piernas son los árboles del sueño
cuyo fruto es el verdadero alimento del olvido

son sátrapas de púrpura tus labios
                        cuyos besos ensamblan a los reyes
tus pulsos
son sagrados
                        custodios de las llaves de tu sangre
tus pies en tus tobillos como flores en vasos
                        de plata

tu belleza es dilema de las flautas

                        tus ojos son perfidia
de campanas metidas entre incienso

Versión de Alfonso Canales
-e.e. Cummings poemas- 

Alberto Corazón , Editor, 1969

jueves, 4 de septiembre de 2008

ARAGON, LOUIS. No hay ningún amor feliz



El hombre nada adquiere jamás  Ni su ternura
Ni su amor ni su fuerza  Y cuando abre los brazos
La sombra que proyecta es una cruz oscura
Y si abraza su dicha la destroza en pedazos
Su vida es una extraña y espantable locura
                No hay ningún amor feliz
Su vida se parece a un inerme soldado
Que para otra estrategia ha sido preparado
Que madruga y de noche sufre de hambre y de sed
Y que en la tarde tiembla deshecho y desarmado
Decid «mi pobre vida» y el llanto contened
                  No hay ningún amor feliz

Mi bello amor mi dulce amor mi amor perdido
Dentro de mí te llevo como un pájaro yerto
Y aquellos que de lejos nos vieron no han sabido
Que mis propios poemas tras de mí han repetido
Y que ya por tus ojos varias veces han muerto
                   No hay ningún amor feliz

El tiempo de aprender a vivir ya ha pasado
Que lloren en la noche nuestros dos corazones
Por el dolor que esconde cada recuerdo amado
Las tragedias que nutren el éxtasis soñado
Los sollozos que impregnan las menores canciones
                    No hay ningún amor feliz

No hay amor que no aflija al par que desespera
No hay amor que no se halle mezclado a su dolor
No hay amor que no espante No hay amor que no hiera
No hay amor que no viva de lágrimas y espera
Y el amor de la patria lo mismo que tu amor
                     No hay ningún amor feliz
               Pero este es nuestro amor

Versión de: Andrés Holguín

LUCIEN FREUD. SUS OBRAS











lunes, 1 de septiembre de 2008

RAINER MARIA RILKE. Día de otoño








Señor: es hora. Largo fue el verano. 
Pon tu sombra en los relojes solares, 
y suelta los vientos por las llanuras. 

Haz que sazonen los últimos frutos; 
concédeles dos días más del sur, 
úrgeles a su madurez y mete 
en el vino espeso el postrer dulzor. 

No hará casa el que ahora no la tiene, 
el que ahora está solo lo estará siempre, 
velará, leerá, escribirá largas cartas, 
y deambulará por las avenidas, 
inquieto como el rodar de las hojas.


Versión de Jaime Ferreiro