jueves, 4 de septiembre de 2008

ARAGON, LOUIS. No hay ningún amor feliz



El hombre nada adquiere jamás  Ni su ternura
Ni su amor ni su fuerza  Y cuando abre los brazos
La sombra que proyecta es una cruz oscura
Y si abraza su dicha la destroza en pedazos
Su vida es una extraña y espantable locura
                No hay ningún amor feliz
Su vida se parece a un inerme soldado
Que para otra estrategia ha sido preparado
Que madruga y de noche sufre de hambre y de sed
Y que en la tarde tiembla deshecho y desarmado
Decid «mi pobre vida» y el llanto contened
                  No hay ningún amor feliz

Mi bello amor mi dulce amor mi amor perdido
Dentro de mí te llevo como un pájaro yerto
Y aquellos que de lejos nos vieron no han sabido
Que mis propios poemas tras de mí han repetido
Y que ya por tus ojos varias veces han muerto
                   No hay ningún amor feliz

El tiempo de aprender a vivir ya ha pasado
Que lloren en la noche nuestros dos corazones
Por el dolor que esconde cada recuerdo amado
Las tragedias que nutren el éxtasis soñado
Los sollozos que impregnan las menores canciones
                    No hay ningún amor feliz

No hay amor que no aflija al par que desespera
No hay amor que no se halle mezclado a su dolor
No hay amor que no espante No hay amor que no hiera
No hay amor que no viva de lágrimas y espera
Y el amor de la patria lo mismo que tu amor
                     No hay ningún amor feliz
               Pero este es nuestro amor

Versión de: Andrés Holguín

LUCIEN FREUD. SUS OBRAS











lunes, 1 de septiembre de 2008

RAINER MARIA RILKE. Día de otoño








Señor: es hora. Largo fue el verano. 
Pon tu sombra en los relojes solares, 
y suelta los vientos por las llanuras. 

Haz que sazonen los últimos frutos; 
concédeles dos días más del sur, 
úrgeles a su madurez y mete 
en el vino espeso el postrer dulzor. 

No hará casa el que ahora no la tiene, 
el que ahora está solo lo estará siempre, 
velará, leerá, escribirá largas cartas, 
y deambulará por las avenidas, 
inquieto como el rodar de las hojas.


Versión de Jaime Ferreiro

martes, 26 de agosto de 2008

PAUL VERLAINE. MI SUEÑO




Sueño a menudo el sueño sencillo y penetrante
de una mujer ignota que adoro y que me adora,
que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora
y que las huellas sigue de mi existencia errante.
Se vuelve transparente mi corazón sangrante
para ella, que comprende lo que mi mente añora;
ella me enjuga el llanto del alma cuando llora
y lo perdona todo con su sonrisa amante.
¿Es morena ardorosa? ¿Frágil rubia? Lo ignoro.
¿Su nombre? Lo imagino por lo blando y sonoro,
el de virgen de aquellas que adorando murieron.
Como el de las estatuas es su mirar de suave
y tienen los acordes de su voz, lenta y grave,
un eco de las voces queridas que se fueron...

Versión de Nicolás Bayona Posada

domingo, 10 de agosto de 2008

RABINDRANATH TAGORE. Gitanjali. Fragmento 102









Me jacté ante los hombres de haberte conocido,

 y en todas mis obras ven tu retrato.
 Vienen y me preguntan:

 "¿Quién es?" 
No sé qué responder, y digo:

 "La verdad es que no lo sé".
 Se burlan de mí y se van desdeñosos.

 Y tú sigues sentado allí, sonriendo.
He hablado de ti en canciones perdurables,

 cuyo secreto brota mi corazón.
 Vienen y me preguntan:
 "¿Qué quiere decir todo eso?
" No sé qué responderles, y digo:
 "¡Ay, quién sabe lo que quiere decir!" 

Y se ríen de mí y se van despreciándome. 
Y tú sigues sentado allí, sonriendo.

lunes, 4 de agosto de 2008

ARAGON LOUIS. Persona pálida



Más mísero que las piedras
                                triste a más no poder
                                el hombre escuálido
el atril hubiera querido aniquilarse
Qué frío el viento me penetra en el sitio
de las hojas
de las orejas muertas
Solo cómo patalear para ahuyentar el frío
con qué pie iniciar la semana
Un silencio que nunca acaba
Ni una palabra tierna para engañar al invierno
La sombra del alma del amigo La escritura
Tan sólo las señas
                                 Mi sangre daría una sola vuelta
Los sonidos se pierden en el espacio,
como dedos congelados.
Nada más
                    que un patín abandonado en el hielo
El fulano
                    A través de él se ve el día

De Feu de joie

Versión de Aldo Pellegrini