sábado, 19 de enero de 2008

LUIS CERNUDA. EL VIENTO Y EL ALMA


Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.

jueves, 17 de enero de 2008

LUIS CERNUDA. Donde habite el olvido...

 Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

miércoles, 2 de enero de 2008

RABINDRANATH TAGORE. El último trato






Una mañana iba yo por la pedregosa carretera, 
cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza. 
"¡Me vendo!", grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo: 
"Soy poderoso, puedo comprarte." Pero de nada le valió su poderío 
y se volvió sin mí en su carroza.

Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía 
y yo vagaba por el callejón retorcido 
cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro. 
Dudó un momento, y me dijo: "Soy rico, puedo comprarte."  
Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui.

Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor. 
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo: 
"Te compro con mi sonrisa." Pero su sonrisa palideció 
y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.

El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente. 
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas. 
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo: 
"Puedo comprarte con nada." Desde que hice este trato jugando, soy libre.